Juan Luis Lizarralde decía que el hacía con un quetzal lo que un papo hace con cinco. Era cierto. Con esa buena costumbre y su buena conciencia logró contribuir mucho al país y la ciudad.
Cuando fue alcalde (1952 a 1954), el y su gran amigo Aguilar Batres le dieron su actual nomenclatura a la ciudad (zonas, avenidas, calles, etc). Puso azulejos de bajo costo y larga durabilidad en las esquinas de cada cuadra — todavía quedan algunos donde no han sido reemplazados por azulejos caros y póco útiles que dicen “calle del panadero” o similar (en la z1). Pavimentó toda la zona nueve y diez con cemento — el mismo que tenemos hoy porque nadie mas ha logrado organizar las finanzas para poner concreto nuevo. Se hizo el Trébol, primer y único paso a desnivel del país por mucho tiempo. Se dió cuenta que la antigua alcaldía no sería adecuada para una ciudad creciente, entonces puso en marcha el proyecto para hacer el nuevo edificio municipal (el que tenemos ahora). Contactó otro amigo capaz y honesto, el arquitecto Pelayo Llarena, para que lo diseñara y construyera. Se le ocurrió ponerle sótano al edificio — cosa poco común en guatemala en ese entonces, para aprovechar mejor el terreno que había logrado obtener del gobierno central de Árbenz. En solo dos años, siendo del partido opositor al del gobierno central, logró hacer estas y otras obras que están detalladas en sus memorías de periodo de alcalde, un documento que acostumbraban producir los alcaldes y funcionarios en aquella época (sus también amigos y capaces ingenieros Martín Prado Vélez y Julio Obiols). Voy a escaniarlas para que quede record duradero pq las encontré carcomidas por termitas.
De alcalde, Juan Luis Lizarralde pasó a ser Ministro de Comunicaciones del 54 al 56 o 57 (approx). El no era político para nada, entonces no fue por afinidad al presidente de entonces (Castillo Armas) que haya aceptado el puesto. Había pasado los 15 años previos a la alacaldía impartiendo clases de física, trabajando en Huehuetenango abriendo el tapón (camino hacia la mesilla), haciendo drenajes y fumigación en Pto Barrios para erradicar la malaria y tomando cursos de electrificación rural en EEUU para prepararse como ingeniero civil de los verdaderos. Cuando le ofrecieron encabezar el ministerio de comunicaciones, el vió la oportunidad de hacer obra y la aceptó. En su tiempo en el ministerio, construyó la carretera al atlántico, que hasta ahora ha visto algunas mejoras. Introdujo electricidad a pueblos en el interior donde nunca antes hubo. También modernizó el sistema de telefonos, que quedó intacto hasta que Arzú lo “vendió/compró” a Lucas S.A. en los 90’s.
Nunca aceptó un centavo de mordida. No se volvió rico. Vivió en una casa bonita pero sencilla con techo de lámina, como lo hacen la mayoría de los guatemaltecos que tienen la suerte de tener casa (ver encuesta nacional de condiciones de vida). Le consta a todos los que le conocieron. Sé de un señor (cuyo hijo hace poco fue alcalde — imaginense el botín) que le ofreció la muerte a Lizarralde por no concederle contratos con el gobierno. Le contestó: “matáme, pues.”
Si algún lector pensara que yo me quejo tanto porque soy un amargado, le digo que no es así. Yo me quejo porque sé que las cosas se pueden hacer bien, aqui en este país, con poco dinero, bajo la lluvia, con amenazas y lo que usted quiera poner como escusa. Tengo la suerte y el peso encima de haber recibido lecciones de un hombre como Juan Luis Lizarralde. Sé que se pueden hacer obras y logros que mucha gente considera imposibles. Sé que no se necesita un presupuesto de miles de millones, pero si se necesita rectitud, creatividad y dedicación.